23 Junio 2020, 17:11
Actualizado 23 Junio 2020, 19:52

Vivimos en una zona de la Península que se caracteriza por una variabilidad de colores y tonalidades a lo largo del año. Un paisaje seco durante el verano debido a la ausencia de precipitaciones y las altas temperaturas que hasta da que pensar sobre la desaparición de vida en parte de ese paisaje y los elementos que lo componen. En parte así ocurre, pero no es todo muerte en el estío. Cuando llega el verano algunos seres salen beneficiados por el calor, y viven por las altas temperaturas.

Buite
Buitres leonado (seo.org)

Según avanza la estación cálida y seca en esta zona del continente, sin duda uno de los grandes beneficiados son las aves necrófagas. Buitres, alimoches o milanos, entre otras, aprovechan los decesos de especies salvajes como ciervos, corzos, o incluso ganado que no aguanta tantas semanas de altas temperaturas y ambiente seco. Cuando avanza agosto el número de cadáveres es más frecuente y las carroñeras tienen más alimento. Pensando en el alimento de las especies resolveremos el misterio de las afortunadas. Sin dejar de mirar a las alturas, el águila culebrera es otra de las que en esta estación se aprovecha de los ofidios, su alimento. Las culebras o serpientes tienen más actividad en el verano, por lo que esta rapaz diurna y forestal puede alimentar a sus pollos con mayor facilidad. En Extremadura existen más de 300 parejas, lo que supone más del 10% de la población en España. Lo cual indica que disponen de un hábitat propicio para encontrar alimento.

  Águila culebrera con alimento para los pollos (seo.org)
Águila culebrera con alimento para los pollos (seo.org)

Si nos bajamos de las alturas al subsuelo nos daremos cuenta que las incansables hormigas no paran de trabajar. Este período del año es idóneo para conseguir víveres. Algo que no está a la vista de todos son las mantis religiosas, un insecto que nace a principios de junio y que en las primeras etapas de su vida, el verano, es muy vulnerable a las hormigas que suben por las ramas de las plantas, donde nacen las mantis, que se convierten en presa fácil para los himenópteros. Y ni que decir tiene las salamandras, o saltarrostros en algunas zonas de Extremadura, asiduos visitantes nocturnos de las paredes de nuestras casas que se ponen tibios de mosquitos. Las langostas, propias de la época del calor, sirven de alimento para muchas aves silvestres, convirtiéndose así en insecticidas naturales. Unos insectos que también sirven de alimento para unos conciudadanos de estos meses: las golondrinas, los vencejos y los aviones comunes. Cada vencejo llega a comer hasta 800 insectos al día. Labor fundamental para evitar plagas.

En Extremadura existen más de 300 parejas de águila culebrera, lo que supone más del 10% de la población en España

Y si cambiamos de la fauna a la vegetación, muchas especies se aprovechan de este momento para dar frutos y vida. Los frutales, las fresas silvestres de montaña, los helechos dejan caer sus esporas, los castaños echan la flor y comienzan a formar los erizos. Son algunos ejemplos de los beneficios que ofrece el calor. 

helecho
Helecho

Cada vencejo llega a comer hasta 800 insectos al día. Labor fundamental para evitar plagas.

El verano puede ser la manifestación de la muerte, al mismo tiempo de ser la gasolina y el impulso para muchos elementos que nos rodean. Mientras para unos el calor implica recesión y amenazas, para otros es vida y sustento para poder vivir parte del año. Nuestro clima influye de esta manera en la selección natural, algo básico para mantener el equilibrio de nuestros ecosistemas, y por lo tanto de nuestro futuro. 

 

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