Mérida
2 Julio 2021, 13:13
Actualizado 2 Julio 2021, 19:51

El rito es, cada verano, el mismo: la cazadora (o la manga corta, que no es mi caso, pero sí lo es en la mayoría), la entrada, la cavea, el palco o la zona de prensa. Los saludos (siempre hay alguien a quien sonreír en la grada de más allá). El paneo con la mirada: “¿Se llena o no se llena el Teatro?”. Y el espectáculo, mirándonos de frente, antes de que dé comienzo la obra.

Ceres las gasta así: no importa las ediciones que lleves yendo al Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, ni las noches que acudas al reclamo del cartel. Es casi imposible no cruzar una mirada con ella y preguntarse qué estará pensando cada vez que te mira de esa forma tan espectacular. Y qué habrá pensado cuando haya visto a otro público, a otra gente, por ejemplo, a la de hace dos milenios.

Es inútil imaginarlo porque las piedras no hablan, pero las arqueólogas, sí. Y en Mérida, de eso tenemos mucho y no a cualquiera. Tenemos, por ejemplo, a Trinidad Nogales, que no solo traduce piedras pedagógica y magistralmente sino que también dirige el Museo Nacional de Arte Romano de la ciudad. En ese MNAR que, en mi cabeza, es un paraíso arqueológico, Ceres, la auténtica, atesora millones de miradas milenarias: las que ha cruzado con el público del Teatro desde el siglo primero antes de Cristo.

Si Ceres pudiera hablar, nos contaría que su Teatro no era solo para el teatro, sino también para la política

Si la diosa de la agricultura pudiera hablar, nos contaría que cuando inauguraron el Teatro, en el año 15 o 16 a. C. (no se sabe exactamente), allí no se hacía solo teatro sino que servía también como asamblea política y que, aparte de comedias, sátiras y pantomimas (que volvían locos a los habitantes de la antigua colonia), se celebraban discursos políticos y actos institucionales. Y propaganda, mucha propaganda.

Nos contaría también que aquellas sátiras se parecían, en la puesta en escena, a nuestros carnavales: “Consistían en hablar de personajes políticos de la época, de sus virtudes, de sus defectos y burlarse de ello”, explica Trinidad Nogales. Y añadiría la diosa que, a su espalda, en el peristilo, sentía el ajetreo de las compañías teatrales de la época, las Grex Theatralis, muy similares a las de hoy en día.

 

La auténtica escultura de Ceres está en el MNAR
La auténtica escultura de Ceres está en el MNAR

Las Grex Theatralis: actores que cobraban muy poco y ni rastro de actrices

“Había personas que se encargaban de revisar los textos, otros de seleccionar a los actores”, detalla Trinidad Nogales. Y, a la hora de hacer el casting, “en el caso de los actores, al tener que usar la máscara, se tenía muy en cuenta la voz, que supieran proyectarla y que supieran moverse bien en escena, con unos zancos altos”. Si eran guapos, qué importaba. Y si eran esclavos o libertos, igualSu prestigio social era muy bajo y eso se ve muy bien en el edicto de precios de Diocleciano, donde aparecen los precios de todas las profesiones y vemos que los de las artes escénicas eran muy inferiores a los de otras”.

No había actrices porque “la mujer no participaba en el teatro con papeles”. Resulta fácil imaginarse a Ceres lamentando ver a las mujeres solo como mimas o dentro de la orchestra: “Los papeles femeninos los hacían los hombres, lo que, a veces, sumaba humor a la sátira”.

“La mujer no participaba en el teatro con papeles”

En Mérida, tenemos constancia de estas Grex Theatralis, entre otras cosas, por la lápida de Cornelia Nothis, una mujer que murió en el siglo I d.C.  y que, según esa misma lápida, era secunda mima.

Cornelia Nothis fue una secunda mima emeritense, como atestigua su lápida, que está en el MNAR
Cornelia Nothis fue una secunda mima emeritense, como atestigua su lápida, que está en el MNAR

 

Espectáculos diurnos y un frente escénico de colores

Si Ceres pudiera hablar, nos contaría, ,además que su Teatro era de colores, de muchos colores, aunque ahora nos embelese con ese blanco del mármol o a base de luces y efectos audiovisuales.  Y que las representaciones eran siempre de día (obviamente, sin luz eléctrica, no tendríamos ahora noches de Festival de Mérida).

El Teatro Romano de Mérida no era blanco sino de colores
El Teatro Romano de Mérida no era blanco sino de vivos colores

Y quizá, si pudiera hacerlo, la diosa acabaría desvelándonos si, además de Plutón, la que la acompaña en ese fastuoso frente escénico, que es la envidia de todos los teatros de España y de mucha parte del mundo, es o no es Proserpina. Las hipótesis más recientes apuntan a que es una musa, lo que desmontaría la teoría de que, en el frente, esté representado el mito del Rapto de Proserpina con el que los romanos explicaban el cambio de estaciones.

¿Y si el corazón de Ceres no fuera de piedra? (ojo, quizá no lo sea...son muchos años emocionándose ya como espectadora privilegiada del Teatro). Seguro que esbozaría una sonrisa. Una sonrisa traducida en satisfacción al comprobar que, 22 siglos después, su Teatro sigue siendo el  estandarte de la cultura de una tierra y, sobre todo, cada noche de Festival, una auténtica fiesta.

Los Gemelos, de Verbo Producciones, y Oscuro Total, en la 59  edición del Festival de Teatro Romano de Mérida
Los Gemelos, de Verbo Producciones, y Oscuro Total, en la 59 edición del Festival de Teatro Romano de Mérida

 

 

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