5 Agosto 2020, 12:46
Actualizado 5 Agosto 2020, 12:46

El diestro extremeño Emilio de Justo, con decisión y capacidad, cortó cuatro orejas y se llevó el mano a mano con Enrique Ponce de esta noche en Plasencia (Cáceres), celebrado por la festividad del llamado Martes Mayor.

En la primera corrida que se celebraba en Extremadura tras el confinamiento por el Covid, De Justo, con un lote muy potable de El Torero, cuajó tres faenas de distinto planteamiento pero con el denominador común de la firmeza y un acusado sentido del temple, con un toreo de acusada verdad y belleza, mientras que Ponce, con toros deslucidos y sin acierto con la espada, se fue de vacío.

Al primero de Emilio de Justo, aunque noble, le faltó humillar y continuidad en su embestid, pero el extremeño le hizo una faena con series cortas, compuestas de muletazos limpios y de indudable gusto, antes de una gran estocada.

Al cuarto le recibió con verónicas a compás y le hizo un vibrante inicio de faena, pudiéndole por abajo porque el animal pedía sometimiento en una faena sobre la mano diestra rematada con manoletinas, un pinchazo y otra estocada.

A pesar de la brusquedad del animal, De Justo recibió al sexto con lances de rodilla flexionada, para después doblarse por bajo, como pedía el genio de un toro que se le coló por ambos pitones. Bien colocado, su dudarle, con la muleta adelantada, el cacereño le hizo una faena larga, importante, de torero valiente y maduro, finalizada con otra buena estocada.

Ponce, ni toros ni faenas

El que abrió el festejo fue un animal de poco fuelle, con el que Ponce quiso armar faena, sin obligarle y con más voluntad que lucimiento, tal y como le sucedió ante el tercero, toro de desiguales embestidas al que tapó sus defectos pero sin que el de El Torero acabara de ir hacia delante.

El quinto, en cambio, sacó nobleza, y Ponce le corrió la mano con suavidad para administrar sus justas fuerzas en un trasteo largo que acabó en la corta distancia cuando el toro perdió fuelle. Los fallos con la espada impidieron al valenciano pasear algún trofeo.

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