19 Julio 2020, 7:55
Actualizado 19 Julio 2020, 07:55


"Me hubiera gustado hacer Antígona, pero ya soy muy mayor". Lo dijo, sin dudarlo, Amparo Baró cuando recogió su premio Ceres. "¿Y una Antígona que recuerda?", le pregunté. "Oye, qué buena idea. Qué buenísima idea". Antígona se suicida (no hacemos spoilers, a estas alturas de siglo XXI, ¿no?), pero en el teatro cabe todo, señores. En ese escenario ha cabido hasta que Esteban García Ballesteros y Fernando Ramos sean gemelos idénticos

Antígona es una tragedia. La tragedia se diferencia del drama en dos cosas: una, su lenguaje ha de ser "un lenguaje sazonado" (no lo digo yo, lo dice Aristóteles) y la otra, que hagas lo que hagas, no te escapas de la muerte o del horror. Piensen en "La casa de Bernarda Alba", "Incendios", "Qué haré yo con esta espada", "Electra" o "Edipo". 

La tragedia, en esta obra, no recae sobre Antígona, sino sobre Creonte, ese gobernante al que pudimos entender tan bien cuando lo interpretó Carmen Machi

Y, sin embargo, la tragedia, en esta obra, no recae sobre Antígona, sino sobre Creonte, ese gobernante al que pudimos entender tan bien cuando lo interpretó Carmen Machi, porque Miguel del Arco lo transformó en una madre. Y qué madre. "Creonte no puede dejar de condenar a Antígona porque prevaricaría", nos contó el dramaturgo Alberto Conejero, que aprendió griego antiguo porque ese griego antiguo es la cuna del teatro. 

Foto: Jero Morales para el Festival de Mérida
Antígona de Miguel del Arco. Foto: Jero Morales para el Festival de Mérida

No se representó en el Festival de Mérida hasta su decimoséptima edición, con versión de José María Pemán y con las inmensas María Fernanda D'Ocón y Julia Trujillo en los papeles de Antígona e Ismene. 

Podemos resumirles la obra. Cuatro hermanos: Antígona, Ismene, Eteocles y Polinices. Padres: Edipo y su madre Yocasta. Una guerra, la de los siete contra Tebas. Para poner fin a la discusión (quién debía ocupar el trono de Tebas), Polinices propone que se dirima el reinado mediante un combate singular entre él y Eteocles. Mueren los dos a la vez, el trono es para Creonte, hermano de Yocasta, que declara a Polinices traidor y decreta que nadie le entierre.

Eso y el destierro eran los peores castigos posibles. Si no te entierran, tu alma está condenada por toda la eternidad.

Pero Antígona le sepulta. Echa arena sobre su cuerpo.

Y Creonte, cuyo hijo Hamón está prometido con ella, la condena a muerte.

Eso y el destierro eran los peores castigos posibles. Si no te entierran, tu alma está condenada por toda la eternidad. Pero Antígona le sepulta. Echa arena sobre su cuerpo.

La Antígona de Sófocles es una de las tragedias más hermosas que se han escrito. Se ha representado 12 veces en el Festival de Mérida. Esta de la compañía El Desván será la número 13. Volvió en 1983, con Ana Marzoa y Natalia Dicenta y tres años más tarde, con Silvia Munt

En 1988, María Ruiz puso en escena "Antígona entre muros", de José Martín Elizondo, con Julieta Serrano, Kiti Manver, Amparo Valle, Maryata O`Wisiedo, Ana Gracia y Paloma Paso Jardiel. Y, cuatro años después, "La tumba de Antígona", de María Zambrano, que consideraba esta obra de Sófocles como la tragedia "más cercana a la filosofía". En 1996, la primera Antígona extremeña, dirigida por Francisco Suárez y con Blanca Apilañez y Olga Estecha

Foto: Jero Morales para el Festival de Mérida
Antígona de Víctor Ullate. Foto: Jero Morales para el Festival de Mérida

También la han representado en ballet. Víctor Ullate se despidió con ella de su vida en los escenarios: la tradición había comenzado con el ballet del teatro Bolshoi. Después, Memé Tabares realizó otra versión de la Antígona, dirigida por Eusebio Lázaro y con María Fernanda D'Ocón en ese papel y, en 2011, Blanca Portillo, en su único año dirigiendo el Festival, lo quiso dedicar a Antígona.

Y Mauricio García Lozano, que dirigió a Marta Etura, me contó que la idea surgió durante un viaje. Él solía viajar con su padre. Su padre falleció. Su última voluntad fue que su hijo cogiera sus cenizas y las esparciera en varios lugares del mundo. Ese fue su regalo: un último trayecto juntos. En el teatro también estuvo Bebe, gritándole al capitán Sierra, en esa versión en plena guerra civil que hizo Miguel Murillo, "Antígona de Mérida". Y, en la alcazaba (ese año había representaciones en la alcazaba también), Anna Allen salió desnuda para ofrecernos, en versión de Emilio del Valle e Isidro Timón, una de las mejores Antígonas que hemos visto jamás: "Antígona del siglo XXI", se titulaba y venía con crítica a los medios de comunicación incluida. 

La última que hemos visto ha sido la de Ullate. Hubiéramos dado un brazo por ver a Amparo Baró recordando esta historia. Hubiéramos dado otro por ver una Antígona dirigida por Tomaz Pandur. Esta obra es un viaje. Un viaje por qué significa ser hombre, por el sacrificio, por el poder, la familia, la ley natural, la sororidad, las convicciones. Conforme pasan los años, vamos comprendiéndolos más a todos. Incluso a Ismene. Incluso a Creonte.

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